domingo, 15 de julio de 2018

Rincones de Córdoba con encanto, 71 Jardines del Duque de Rivas


Jardines del Duque de Rivas / Versos bajo las palmeras

Córdoba homenajea a su preclaro poeta romántico Ángel de Saavedra, el Duque de Rivas (1791-1864), con un monumento arropado por jardines y embellecido por el fondo escenográfico de la recuperada Pérgola. La idea había partido del alcalde decimonónico Juan Tejón y Marín, que en su breve mandato (1891-1893) creó unos jardines en la polvorienta llanura del Campo de la Victoria, que dedicó al Duque de Rivas; quiso redondear la iniciativa erigiendo un monumento al poeta, pero faltó el dinero o el tiempo y no pasó de la primera piedra. Finalmente, el monumento se hizo realidad en 1929, durante el mandato del alcalde Rafael Cruz Conde Fustegueras (1927-1929), y a su inauguración, el 7 de mayo de aquel año, asistió el general Miguel Primo de Rivera, a la sazón presidente del Consejo de Ministros.
Labrado por el famoso escultor valenciano Mariano Benlliure, ganador del concurso convocado al efecto, el monumento al Duque de Rivas es uno de los mejores de Córdoba en su género. Benlliure representa al escritor joven, con unas cuartillas en la mano derecha, un sombrero de copa en la izquierda y una capa sobre el hombro, que se desliza descuidadamente por la espalda para ser recogida por el brazo contrario; una viva imagen del espíritu romántico. En el anverso del pedestal se lee escuetamente“Córdoba al Duque de Rivas 1929”, mientras que en las caras laterales figuran sendos fragmentos de su obra señera, Don Álvaro o la fuerza del sino, ilustrados con bajorrelieves alusivos. En la cara posterior se lee una declaración de amor a Córdoba, espigada del poema El faro de Malta:“Jamás te olvidaré, jamás, tan solo / trocara tu esplendor, sin olvidarlo, / rey de la noche y de tu excelsa cumbre, / la benéfica llama, / por la llama y los fúlgidos destellos / que lanza reflejando al sol naciente / el arcángel dorado que corona / de Córdoba la torre”.
Un arriate circular con seto de arrayán y palmeritas de Sagú abraza el monumento como un anillo vegetal, mientras en los parterres que envuelven la glorieta crece variedad de arboleda bien cuidada: palmeras datileras, plátanos de sombra, robinias, naranjos agrios, prunos, cedros, araucarias, magnolios, cipreses de Arizona, jacaranda..., por no citar los arbustos que en primavera despliegan sus aromas y colores en homenaje al poeta.
Cuatro artísticas farolas de hierro fundido con luminarias de globo reverencian al Duque, apuesto en su pedestal y complacido de las palomas que se posan sobre sus hombros. Los pájaros que habitan en la arboleda desatan al atardecer su algarabía de cantos, contrarrestando así el rumor del tráfico cercano. Los paseos pavimentados que discurren entre los parterres proporcionan comodidad y limpieza al recuperado lugar.
Como fondo hermosea el monumento la romántica Pérgola, recuperada por el Ayuntamiento tras un largo olvido. Coetánea de la estatua, fue proyectada en estilo neoclásico por el arquitecto municipal Carlos Sáenz de Santamaría. Su gozosa recuperación conjuga la restauración con el acondicionamiento para nuevos usos, como cafetería y sala de exposiciones, lo que se ha logrado incorporando un claro toque de modernidad a su decadente estampa de antaño, meramente decorativa. Un espacio singular para la copa dialogada en connivencia con el envolvente jardín romántico.
Qué buena iniciativa sería instalar a la sombra de la estatua una pequeña biblioteca pública con las obras completas del Duque, para que los ciudadanos sensibles pudiesen así leerlo en tan grato lugar, sentados en los bancos modernistas dispuestos alrededor de la estatua, y, de vez en cuando, levantar la vista y dialogar con el poeta, aquí presente; no de carne y hueso, que es materia perecedera, sino de bronce, mucho más perdurable: setenta y cinco años ha cumplido la estatua y está como el primer día.
Monumento, jardines y pérgola constituyen un conjunto lleno de armonía y romántica belleza, revalorizado tras su acertada recuperación, que invita al viajero a reconciliarse con la belleza, aquí manifestada en la literatura, la escultura, la arquitectura y el jardín.

Textos: Francisco Solano Márquez
Diario CÓRDOBA
Córdoba, 2003

















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